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ConceptoAprende Blog independiente · Divulgación económica e histórica
Serie: cómo se forma un precio · artículo 1

¿Sabías que la confección suele ser la partida más chica del precio de una remera?

Publicado el 4 de mayo de 2026 Lectura de 9 minutos Por Marcela Sabogal Builes

Una remera de algodón que cuesta 12 dólares en una tienda parece un objeto simple. En realidad es la punta visible de una cadena que atraviesa como mínimo tres continentes, media docena de contratos y una decena de partidas de coste, y de las cuales el consumidor ve exactamente una: el número impreso en la etiqueta. Reconstruir el resto es un ejercicio clásico de educación financiera, y también la manera más rápida de entender por qué «precio» y «coste» no son sinónimos.

El desglose que abre la portada de este blog es un modelo ilustrativo de elaboración propia: no reproduce la estructura de costes de ninguna empresa concreta, porque ninguna publica ese detalle por prenda. Está construido con rangos que aparecen de forma recurrente en la literatura sobre cadenas de valor textiles y en los informes de organismos multilaterales. Sirve para ver órdenes de magnitud, no para auditar a nadie.

Lo que menos cuesta es lo que más se discute

La primera sorpresa del ejercicio es de proporciones. En un precio de venta al público de 12 dólares, la mano de obra directa de confección —el trabajo de cortar, coser y terminar la prenda— se mueve típicamente en el orden de unos pocos centavos por dólar de precio final. Es la partida más pequeña del ticket junto con el transporte internacional, que el contenedor abarata hasta volverlo casi marginal por unidad.

Esto tiene una consecuencia contraintuitiva que suele perderse en los debates: duplicar el salario pagado en la etapa de confección movería el precio final de la prenda muy poco, porque se está duplicando una fracción pequeña de la base. Las estimaciones más citadas por organizaciones de investigación del sector sitúan ese impacto en el orden de unas decenas de centavos sobre el precio de venta. El precio de la ropa barata no se explica sobre todo por el salario de quien la cose, sino por el volumen, la rotación y la estructura de márgenes del comercio minorista.

Modelo ilustrativo · reparto del precio de venta al público (elaboración propia)
PartidaUSD% del PVP
Materia prima (fibra, hilado, tejido, teñido)1,2010,0
Confección (mano de obra directa)0,655,4
Transporte internacional y aduana0,554,6
Márgenes de marca y minorista5,6046,7
Tienda, personal y logística local1,6013,3
Marketing y publicidad0,857,1
Impuestos indirectos1,5512,9
Precio de venta al público12,00100

Tres modelos distintos para vender lo mismo

La lógica económica de la moda rápida no es una sola. Conviene mirar tres compañías que llegaron al mismo lugar por caminos diferentes, citadas acá exclusivamente como casos de estudio a partir de información pública.

Exención

Concepto Aprende no tiene afiliación, vínculo comercial ni representación oficial con Inditex, H&M Group ni Shein, ni con sus marcas o filiales. Contenido con fines históricos y educativos, elaborado a partir de fuentes públicas.

Inditex, el grupo español con sede en Arteixo, Galicia, propietario de Zara entre otras cadenas, construyó su ventaja sobre la velocidad de reposición: series cortas, proximidad de parte de la producción y reabastecimiento frecuente de las tiendas. En sus memorias anuales de los últimos ejercicios el margen bruto consolidado del grupo se sitúa por encima del 55% de las ventas, uno de los más altos del comercio textil cotizado.

H&M Group, fundado en Västerås, Suecia, en 1947, apostó históricamente por el volumen y una red de tiendas muy extensa, con márgenes brutos consolidados algo menores y un peso mayor del descuento de temporada. Shein, nacida en China en 2012, eliminó la tienda física de la ecuación: vende en línea directamente al consumidor, fabrica lotes iniciales muy pequeños y amplía solo lo que ya se vendió, lo que traslada buena parte del riesgo de inventario a una decisión posterior a la demanda.

La diferencia entre las tres no está en la costura. Está en cuánto tiempo pasa entre la decisión de producir y el cobro, y en quién carga con la prenda que no se vende.

La parte del coste que no aparece en la barra

En el modelo hay un segmento dibujado con trama, sin cifra: los costes que no están en el precio. Son los que la economía ambiental llama externalidades, y en el textil son considerables.

  • Agua. La estimación más difundida atribuye alrededor de 2.700 litros de agua al cultivo de algodón necesario para una remera. Es una media global con enorme variación según el país y el sistema de riego, y así conviene leerla: como orden de magnitud, no como medición.
  • Emisiones. El informe A New Textiles Economy (2017) de la Fundación Ellen MacArthur estimó las emisiones del sector textil en torno a 1.200 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año, por encima de la suma de vuelos internacionales y transporte marítimo de aquel momento.
  • Fin de vida. El mismo informe calculó que menos del 1% del material de la ropa se recicla para producir ropa nueva. El resto se incinera, se entierra o cambia de continente convertido en excedente textil.
  • Uso. También documentó que el número de veces que se usa una prenda antes de descartarla cayó de forma marcada en las décadas previas, cerca de un tercio respecto de quince años antes. El coste por uso, que es la única métrica financiera honesta para la ropa, sube incluso cuando el precio baja.

Cuando la externalidad entra en la contabilidad

Nada de esto es solo teoría. La Unión Europea obliga desde el 1 de enero de 2025 a la recogida separada de residuos textiles en todos los Estados miembros, y ha impulsado la extensión de la responsabilidad ampliada del productor al textil: la idea de que quien pone la prenda en el mercado financie su recogida y tratamiento. En términos económicos es exactamente lo mismo que dibujar el segmento con trama y ponerle un número: internalizar un coste que hasta ahora pagaba el sistema público de residuos, es decir, todos.

Ese movimiento explica por qué la economía circular dejó de ser vocabulario de conferencia y pasó a los estados financieros. Si el coste de fin de vida se factura al productor, la prenda de rotación rápida deja de ser gratis en su tramo final, y la cuenta de resultados empieza a parecerse un poco más al coste real.

El dato para llevarse

El precio es una cifra de mercado; el coste es una cifra contable que alguien paga en algún momento. Cuando esos dos números se separan mucho, la diferencia no desaparece: cambia de titular. Preguntar quién es ese titular es, probablemente, la pregunta más útil de la educación financiera aplicada al consumo.